La pregunta incómoda que debe abrir el debate sobre el futuro de una comunidad que ya dejó de ser un proyecto habitacional
Hay cifras que llaman la atención. Hay otras que obligan a hacer preguntas.
Los RD$400 millones mencionados este lunes por el ingeniero Camel Curi, al referirse a inversiones vinculadas a proyectos habitacionales, colocan nuevamente sobre la mesa una discusión que Ciudad Juan Bosch no puede seguir postergando: ¿qué se podría transformar en esta comunidad si una inversión de esa magnitud estuviera dirigida a resolver sus principales necesidades?
La pregunta no pretende enfrentar a Ciudad Juan Bosch con Santiago de los Caballeros. Tampoco cuestiona que se invierta en otras comunidades del país. Todo lo contrario: cada ciudad dominicana merece inversiones que permitan mejorar la calidad de vida de sus habitantes.
Pero Ciudad Juan Bosch también merece que se hable de sus necesidades con la misma seriedad con que se habla de su crecimiento.
Porque aquí ya no estamos hablando de un pequeño proyecto residencial.
Estamos hablando de una comunidad que creció, que sigue creciendo y que cada día demanda más servicios.
¿Qué haríamos con RD$400 millones?
Si mañana alguien preguntara a los residentes de Ciudad Juan Bosch cuáles son sus principales prioridades, probablemente surgiría una larga lista.
Calles y aceras.
Drenaje pluvial.
Iluminación.
Seguridad.
Transporte.
Áreas deportivas.
Parques.
Espacios culturales.
Servicios de salud.
Infraestructura educativa.
Ordenamiento del tránsito.
Mantenimiento de áreas comunes.
Gestión de residuos sólidos.
Y podríamos continuar.
Por eso, RD$400 millones bien planificados podrían convertirse en mucho más que una cifra presupuestaria. Podrían convertirse en obras capaces de cambiar el día a día de miles de familias.
Pero ahí está precisamente el punto: el dinero por sí solo no transforma una comunidad. Lo transforma la planificación de cómo se utiliza.
Una ciudad no puede crecer solamente hacia arriba
Ciudad Juan Bosch nació bajo una concepción de desarrollo habitacional que buscaba integrar viviendas con servicios y espacios destinados a mejorar la calidad de vida.
Sin embargo, cuando una comunidad crece rápidamente, también crecen sus problemas.
Más viviendas significan más vehículos.
Más vehículos significan mayor presión sobre las vías.
Más familias significan mayor demanda de escuelas y servicios de salud.
Más comercios significan mayor generación de residuos.
Más población significa mayor necesidad de seguridad, transporte, recreación y espacios públicos.
Es la matemática básica del crecimiento urbano.
Si crece la población, debe crecer proporcionalmente la infraestructura.
De lo contrario, lo que inicialmente fue concebido como una ciudad planificada corre el riesgo de enfrentar los mismos problemas que históricamente han afectado a otras zonas urbanas del país.
¿Y si los RD$400 millones se convirtieran en soluciones?
Imaginemos una discusión pública seria.
No una discusión partidaria.
No una discusión de quién tiene el mérito.
Una discusión sobre prioridades.
¿Qué pasaría si una inversión de RD$400 millones pudiera destinarse, mediante estudios técnicos y mecanismos transparentes, a resolver una parte importante de las necesidades de Ciudad Juan Bosch?
Podríamos pensar en un gran programa de mejoramiento vial y peatonal, con reparación de calles, construcción y recuperación de aceras, señalización y soluciones para puntos críticos.
Podríamos fortalecer el drenaje pluvial, una infraestructura que muchas veces solamente recordamos cuando llega un aguacero y aparecen las consecuencias.
Podríamos invertir en espacios deportivos y recreativos, especialmente para niños y jóvenes.
Podríamos crear o fortalecer espacios para la formación técnico-profesional, porque una ciudad no solamente necesita habitantes: necesita oportunidades para que sus habitantes puedan progresar.
Podríamos mejorar la iluminación de espacios públicos y desarrollar proyectos de recuperación urbana.
Y podríamos reservar una parte para algo que muchas veces se olvida: mantenimiento.
Porque construir una obra y después abandonarla al deterioro no es desarrollo.
Es simplemente aplazar el problema.
El debate del Distrito Municipal
En este contexto también adquiere importancia el proyecto de ley depositado recientemente en la Cámara de Diputados por el legislador Jheyson Amir García Castillo, que propone la creación del Distrito Municipal Ciudad Juan Bosch.
La iniciativa tendrá que cumplir con el procedimiento legislativo correspondiente y ser estudiada por las instancias competentes antes de cualquier decisión definitiva.
Pero independientemente del resultado de ese proceso, el debate ya está sobre la mesa.
¿Está Ciudad Juan Bosch preparada institucionalmente para administrar el crecimiento que está experimentando?
Esa pregunta merece ser respondida con datos, estudios y planificación.
No con consignas.
No con discursos.
Y mucho menos con intereses particulares.
Los residentes también tienen algo que decir
Hay otro elemento que considero indispensable: la participación de quienes viven aquí.
Quienes residen en Ciudad Juan Bosch saben dónde están los problemas.
Saben qué calles necesitan atención.
Saben dónde falta iluminación.
Saben cuáles son los puntos donde el tránsito se convierte en un dolor de cabeza.
Saben qué parques necesitan mantenimiento.
Saben cuáles servicios funcionan y cuáles necesitan mejorar.
Por eso, cualquier discusión sobre grandes inversiones debería incluir mecanismos de participación comunitaria y rendición de cuentas.
La gente no puede ser solamente beneficiaria de las obras.
También debe ser escuchada en la definición de las prioridades.
No queremos una ciudad de apartamentos; queremos una ciudad para vivir
Este es, quizás, el punto central.
Una vivienda es fundamental.
Pero una vivienda aislada no constituye una ciudad.
Ciudad es vivienda, escuela, salud, transporte, seguridad, recreación, comercio, espacios públicos, medio ambiente, planificación y oportunidades.
Si queremos que Ciudad Juan Bosch sea realmente un modelo de desarrollo urbano, tenemos que dejar atrás la lógica de contar solamente cuántos apartamentos se han construido.
La pregunta debe ser otra:
¿Qué calidad de vida estamos construyendo alrededor de esos apartamentos?
Porque entregar las llaves de una vivienda es un acontecimiento.
Construir una comunidad sostenible es un proceso.
RD$400 millones no deberían ser solamente una cifra
El debate sobre los RD$400 millones debe servir para algo más que generar titulares.
Debe servir para preguntarnos qué ciudad queremos dentro de cinco, diez o veinte años.
¿Queremos una comunidad que siga creciendo sin planificación suficiente?
¿O queremos una Ciudad Juan Bosch capaz de convertirse en una referencia nacional de desarrollo urbano?
La diferencia estará en las decisiones que tomemos hoy.
Y aquí no importa quién haga la pregunta.
Importa que la pregunta se haga.
¿Qué haría Ciudad Juan Bosch con RD$400 millones si esos recursos fueran destinados a transformar sus principales necesidades en obras, servicios y oportunidades?
Yo creo que llegó el momento de que esa respuesta no la construyan solamente funcionarios, técnicos o instituciones.
Que la construyan también los ciudadanos.
Porque una ciudad no se mide únicamente por la cantidad de viviendas que tiene.
Se mide por la calidad de vida que ofrece a quienes viven en ellas.
Por: Logan Jiménez Ramos
Periodista, consultor en comunicación política, magíster en Diplomacia y Derecho Internacional y docente.
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