Por Pedro José Bautista Florentino
Educador, Politólogo y Activista Social
La retranca social puede definirse como el estancamiento progresivo de una sociedad provocado por la incapacidad de transformar problemas históricos en soluciones concretas. No se trata únicamente de una actitud cultural; es el resultado de reformas estructurales pendientes, oportunidades limitadas y una creciente desconexión entre las necesidades de la población y las respuestas del Estado.
Durante los últimos años, la República Dominicana ha continuado arrastrando desafíos fundamentales: una reforma educativa centrada en la calidad, una transformación efectiva del sistema de salud, una reforma fiscal equitativa, la modernización del transporte, el fortalecimiento de la seguridad ciudadana y políticas públicas orientadas a reducir la desigualdad y ampliar las oportunidades.
Mientras estas reformas permanecen pendientes, la marginalidad social continúa expandiéndose. El aumento del costo de la vida, la informalidad laboral, las limitadas oportunidades de ascenso social y el deterioro de la confianza en las instituciones alimentan una sensación colectiva de estancamiento.
La verdadera retranca social surge cuando los problemas crecen más rápido que las soluciones. Cuando los anuncios sustituyen los resultados y las promesas desplazan las transformaciones que el país necesita. En ese escenario, la ciudadanía pierde confianza y las instituciones pierden credibilidad.
Lo más preocupante es que quienes tienen la responsabilidad de impulsar los cambios terminan siendo afectados por las consecuencias de su propia inacción. La desconfianza, el desencanto social y la erosión de la legitimidad institucional terminan debilitando la capacidad de gobernar y construir consensos.
La República Dominicana no necesita más diagnósticos. Necesita voluntad política, visión de Estado y la capacidad de ejecutar las reformas que durante décadas han sido identificadas como indispensables para el desarrollo nacional.
Porque si conocemos los problemas, identificamos sus causas y entendemos las soluciones, la pregunta inevitable es:
¿Qué retranca más a la República Dominicana: la falta de recursos para cambiar o la falta de decisión para hacerlo?



