El ejemplo de Juan Garrigó Mejia

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Redacción Prensa
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Y aquí aparece un ejemplo que merece ser tomado en consideración: Juan Garrigó Mejía.

Garrigó, quien durante seis años se desempeñó como viceministro de Gestión Social y Comunitaria del Ministerio Administrativo de la Presidencia, fue elegido recientemente como secretario general del Partido Revolucionario Moderno (PRM).

¿Qué hizo ante esa nueva responsabilidad?

Renunció al Gobierno.

Este jueves 3 de septiembre presentó formalmente su renuncia al presidente Luis Abinader y anunció que, a partir del próximo domingo 6 de septiembre, asumirá plenamente sus responsabilidades como secretario general del PRM, dedicando a esa función todo su tiempo, esfuerzo y compromiso.

A nuestro juicio, esa decisión envía un mensaje importante: cuando una responsabilidad partidaria adquiere una dimensión que exige dedicación plena, lo correcto es separar las funciones de Gobierno de las funciones políticas.

Garrigó pudo haber intentado mantener ambas responsabilidades, pero decidió dar un paso al costado del Gobierno para concentrarse en su nueva tarea partidaria.

Y precisamente aquí volvemos a David Collado.

Si Juan Garrigó entendió que para ejercer plenamente la Secretaría General del PRM debía abandonar su posición en el Gobierno, entonces resulta legítimo preguntar:

¿Por qué David Collado debería mantener el Ministerio de Turismo mientras construye una aspiración presidencial para 2028?

No estamos diciendo que Collado tenga que renunciar mañana. Tampoco cuestionamos su gestión al frente del Ministerio de Turismo.

Estamos hablando de un principio de coherencia.

Una candidatura presidencial requiere tiempo, estructura, presencia territorial y dedicación. Un ministerio de la importancia del Turismo también requiere tiempo, dedicación y atención permanente.

No parece razonable pretender que ambas responsabilidades puedan ejercerse al cien por ciento.

El caso Garrigó demuestra que existe otra vía: cerrar una etapa administrativa, entregar la responsabilidad de Estado y asumir de lleno la responsabilidad política.

Eso también sería saludable para Collado.

Le permitiría recorrer el país sin la sombra de que cada actividad oficial pueda confundirse con una actividad proselitista. Le permitiría hablar directamente con la ciudadanía, construir su propuesta nacional y asumir abiertamente su condición de aspirante presidencial.

Y, sobre todo, establecería una frontera clara entre el funcionario público y el dirigente político.

Desde La Voz Sin Censura creemos que esa frontera debe respetarse.

Porque el ejemplo está ahí.

Juan Garrigó ya tomó su decisión.

Ahora la pregunta es para David Collado:

¿Cuándo llegará el momento de tomar la suya?

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