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Los pecados de un director de comunicación: minimizar el alcance de las redes sociales y los medios digitales

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Logan Jimenez Ramos
Logan Jimenez Ramoshttps://lavozsincensura.com
Consultor en Comunicación Política, Relaciones Públicas, Periodista, Magister en Diplomacia y Internacional y Docente.

En la era de la comunicación digital, uno de los errores más graves casi imperdonables que puede cometer un director de comunicación es subestimar el poder de las redes sociales y los medios digitales. Este pecado no solo limita el alcance del mensaje institucional, sino que desconecta a la entidad que representa de la realidad comunicacional de la sociedad contemporánea.

Hoy, la comunicación ya no es unidireccional ni exclusiva de los medios tradicionales. Las redes sociales se han convertido en plataformas centrales de información, opinión y formación de criterios, donde se construyen narrativas, se generan debates y se moldea la percepción pública. Ignorar o minimizar este escenario equivale a renunciar voluntariamente a uno de los principales espacios donde la ciudadanía interactúa, cuestiona y se informa.

Uno de los pecados más comunes es creer que las redes sociales son solo “complementos” y no canales estratégicos. Cuando un director de comunicación reduce su importancia, deja el relato institucional a la improvisación, a terceros o, peor aún, a la desinformación. En ese vacío, otros actores ocupan el espacio y definen la agenda, muchas veces sin rigor ni responsabilidad.

Otro error frecuente es replicar en digital los mismos esquemas de la comunicación tradicional, sin entender la lógica propia de estas plataformas. Las redes demandan inmediatez, lenguaje claro, narrativa humana y capacidad de interacción. No basta con publicar comunicados extensos o imágenes protocolares; se requiere contenido pensado para conectar, explicar y generar confianza.

Minimizar los medios digitales también implica desaprovechar la posibilidad de segmentar mensajes, medir impactos en tiempo real y ajustar estrategias según la reacción de la audiencia. Un director de comunicación que no utiliza estas herramientas pierde una ventaja clave: la capacidad de escuchar activamente a la ciudadanía y anticipar crisis antes de que escalen.

Asimismo, este pecado suele ir acompañado de una resistencia al cambio y a la innovación. En muchos casos, se privilegia la zona de confort de la comunicación tradicional, ignorando que las nuevas generaciones consumen información mayoritariamente en formatos digitales. El resultado es una comunicación institucional distante, rígida y poco empática.

No menos grave es el impacto interno. Cuando se minimiza lo digital, se desmotiva a equipos jóvenes, creativos y técnicamente capacitados, que entienden las dinámicas actuales y podrían aportar valor estratégico. Se pierde talento y se frena la evolución natural de la comunicación institucional.

En definitiva, minimizar el alcance de las redes sociales y los medios digitales es un pecado estratégico, porque debilita la visibilidad, reduce la credibilidad y limita la conexión con la gente. Un director de comunicación moderno debe entender que hoy comunicar no es solo informar, sino conversar, escuchar, explicar y humanizar.

La comunicación que no evoluciona se estanca. Y en un mundo hiperconectado, estancarse equivale a desaparecer del debate público. Las instituciones que comprendan esto a tiempo tendrán ventaja; las que no, seguirán hablando solas, mientras la conversación real ocurre en otro lugar.

Por Logan Jiménez Ramos – Activista Social y periodista

Licenciado en Relaciones Públicas, Magister en Comunicación Política Avanzada, Magister en Diplomacia y Derecho Internacional, Asesor en marketing Político.

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